¿Adiós a la tecnología en el aula?

por | Ene 7, 2024

Imaginar un salón de clase, el colegio o la universidad sin dispositivos móviles como teléfonos, tabletas y computadores podría ser la condición de un reality de televisión o el argumento de alguna serie para volver al pasado; y las alarmas se han encendido después de conocer los resultados de la Prueba Pisa, justo en los años de la postpandemia.  Ante este panorama, conviene considerar algunos argumentos y decidir cuál debería ser la pertinencia y uso pedagógico de la tecnología educativa en el proceso de enseñanza aprendizaje.

 

Las más recientes publicaciones en torno al uso de tecnología en el aula extraen una frase del Informe de seguimiento de la educación en el mundo (Informe GEM 2023), publicado por la UNESCO en el que  dice que “perjudican la estabilidad emocional de los alumnos, además de afectar negativamente al aprendizaje.” Sin embargo, advierte la necesidad de encontrar los mecanismos para su uso adecuado.

En el resumen del documento se encuentra entre múltiples argumentos a favor de la tecnología que:

“La tecnología se ha utilizado para respaldar la enseñanza y el aprendizaje de múltiples formas. La tecnología digital ofrece dos tipos generales de oportunidades. En primer lugar, puede mejorar la enseñanza al subsanar las deficiencias en materia de calidad, aumentar las oportunidades para practicar y el tiempo disponible, y personalizar la impartición. En segundo lugar, puede captar la atención de los estudiantes al variar el modo de presentar el contenido, estimular la interacción y fomentar la colaboración.” Tecnología en la educación: ¿Una herramienta en los términos de quién?

Si bien es cierto los riesgos en los que pueden incurrir los estudiantes, como exposición a contenidos inapropiados, ser víctimas de mensajes e incluso extorsión o ataques contra su intimidad, son los docentes, y especialmente, las familias quienes deben estar atentos al uso oportuno y adecuado de las tecnologías para evitar dichos riesgos y sacar el mejor provecho en su proceso de aprendizaje. Nada se haría en beneficio de los estudiantes si la solución fuera evitar los dispositivos; sería tanto como desconectarlos de una realidad que vive culturalmente el mundo y no entrenarlos y prepararlos para su uso.

Y fue justo en durante los años de la pandemia del COVID-19 cuando el mundo pudo rescatar y aprovechar lo poco y mucho que los docentes, estudiantes y familias conocían de la tecnología; si bien los resultados no fueron los mejores en términos de perdida y descenso de las posiciones de los países frente a los resultados de la evaluación PISA, la pregunta que asalta en ¿qué hubiera pasado sino se hubiera contado con la tecnología para al menos mantener en comunicación y aprendizaje a millones de estudiantes en el mundo?  Y si ahora pensamos en dejar de lado estas experiencias y arrancar de cero, la pérdida en atención, motivación y crecimiento en la cultura podría ser mayor.

Se requiere abordar creativamente el uso de la tecnología en el aula; los años de aprendizaje han indicado que las experiencias son diversas y los modelos de sistemas educativos no se pueden replicar con desconocimiento en cualquier institución.

La participación de los docentes, mejorando cada día sus competencias pedagógicas y digitales; el liderazgo de las instituciones educativas en propiciar los ajustes y cambios necesarios en el ambiente escolar y la participación de las familias en el cuidado de sus hijos frente al uso adecuado de las pantallas en casa, facilitarán una transición y un cambio favorable para el aprendizaje.

Desde el colegio se entenderá como una herramienta que requiere infraestructura, una estrategia y especialmente un diseño pedagógico que facilite promover los distintos tipos de metodologías para la enseñanza-aprendizaje.

La gran cantidad de contenidos multimediales que atraen a los estudiantes y facilitan la explicación del docente harán; así como los modelos de gamificación y también del aprendizaje computacional, una experiencia enriquecida.

La tecnología nos está cambiando y cambiando nuestra cultura. No podemos excluirla, ni renunciar a ella en los procesos de enseñanza-aprendizaje.  Aprender, conocerla e interactuar con todos los actores en los procesos educativos podrán ayudar a conquistar nuevas fronteras y superar las crisis que pudieran ocasionar.

 

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